
Sostenido a Través de lo Desconocido
Victor's Story
En agosto de 2023 viví algo que nunca imaginé enfrentar.
La mañana del 19 de agosto me desperté sintiendo una fuerte presión en mi ojo izquierdo y adormecimiento en el lado izquierdo de mi rostro. En cuanto me levanté de la cama, supe que algo no estaba bien. Lo podía sentir en mi cuerpo, en mi manera de caminar y en la forma en que me movía. Nada se sentía normal.
Cuando mi esposa me vio en esa condición, decidió llevarme a una clínica. Después de hacerme algunos exámenes, una enfermera me dijo que estaba sufriendo un derrame cerebral. En ese momento pensé que quizá estaba exagerando, que tal vez no era algo tan grave. Pero la realidad era muy distinta.
Conforme fue avanzando el día, mis síntomas empeoraron, hasta el punto de que al final del día ya no podía caminar. Más tarde, después de más exámenes, nos dijeron que no se trataba de un derrame cerebral, sino de una infección en el oído. Me enviaron a casa sin medicamento y sin poder caminar.
Pasé el domingo y la mañana del lunes en casa, pero no estaba mejorando. Mi esposa, con la fortaleza y el discernimiento que solo Dios puede dar, decidió buscar una segunda opinión médica. Fue entonces cuando volvimos a escuchar la palabra derrame cerebral. Nos dijeron que regresáramos al lugar donde inicialmente me habían evaluado. Allí me hicieron más estudios y finalmente encontraron señales de que, en efecto, había sufrido un derrame cerebral. Después, tras otro examen, descubrieron que no había sido uno, sino dos.
A partir de ese momento, me dieron el tratamiento adecuado y permanecí en el hospital durante cinco días. Aun así, no califiqué para recibir terapia física, lo cual, humanamente hablando, se sintió como un gran obstáculo. Pero fue precisamente en ese momento cuando vimos la mano de Dios de una manera tan real y tan personal.
Mi esposa y yo confiamos en el Señor, y Él abrió cada puerta que necesitábamos. Dios usó a familiares, amigos e incluso a personas que no conocíamos para proveer la terapia que necesitaba, para que pudiera comenzar a recuperar el equilibrio que había perdido por completo.
Durante este proceso aprendí a soltar mis propios planes, mis deseos y esa necesidad de querer controlar la vida. Aprendí qué tan rápido puede cambiar todo. La vida puede ponerse de cabeza de un día para otro, dejándote sin saber qué hacer ni hacia dónde ir. Pero fue allí, en ese lugar de debilidad, incertidumbre y rendición, donde pude ver a mi Padre con más claridad que nunca.
Él siempre había estado ahí, cuidando de mí, velando por mí, y en esta temporada tan difícil me lo demostró de una manera que jamás podré negar. Lo encontré de una forma más profunda, y pude conocerlo más íntimamente a través de Su Palabra, que para mí está llena de vida y de vida en abundancia. En medio del temor, de las preguntas y del proceso de recuperación, Su Palabra se convirtió en fortaleza para mi alma, paz para mi mente y esperanza para mi corazón.
Yo creo que Dios es el Creador de todas las cosas, el Principio y el Fin, el Dios Todopoderoso y omnipotente. Pero a través de este proceso también he llegado a conocerlo como un Padre amoroso, atento, compasivo y personal. Es un Padre maravilloso que conoce los deseos de nuestro corazón, que ve cada lágrima y que permanece cerca aun en nuestros momentos más oscuros. En estos últimos años así lo he sentido, y así lo sigo conociendo cada día.
Hoy puedo ver claramente que Dios me protegió durante ese día y medio en que estuve en casa sin el medicamento adecuado y sin la atención médica que debí haber recibido, aun cuando ya había sufrido esos dos derrames cerebrales. Él cuidó de mí. Él me sostuvo. Y también le doy gracias a Dios por la maravillosa esposa que me ha dado, porque su decisión de seguir buscando respuestas fue clave para que yo pudiera recibir la atención que necesitaba.
Desde entonces, Dios ha usado a muchas personas, dentro y fuera de la iglesia, para mostrarnos Su cuidado, Su provisión y Su amor. A través de las oraciones de mi amada familia de Calvary, las oraciones de mis padres, de mi hermana y de tantas otras personas que intercedieron por mí, experimenté la fidelidad de Dios de una manera profundamente personal.
Ahora, casi tres años después de lo ocurrido, sigo en recuperación, pero puedo decir que llevo una vida casi completamente normal. Y aún más que eso, llevo conmigo un testimonio vivo de la sanidad, la protección, el amor y la fidelidad de mi Dios. Él me dio una nueva oportunidad de seguir aquí y de compartir lo que ha hecho en mi vida.
Dios fue mi fuerza en medio de la incertidumbre, mi sanador a lo largo del proceso y mi fiel protector en cada paso del camino.
Y hoy estoy aquí para testificar que Su gracia me alcanzó, Su mano me sostuvo y Su propósito para mi vida sigue en pie.
Cuando mi esposa me vio en esa condición, decidió llevarme a una clínica. Después de hacerme algunos exámenes, una enfermera me dijo que estaba sufriendo un derrame cerebral. En ese momento pensé que quizá estaba exagerando, que tal vez no era algo tan grave. Pero la realidad era muy distinta.
Conforme fue avanzando el día, mis síntomas empeoraron, hasta el punto de que al final del día ya no podía caminar. Más tarde, después de más exámenes, nos dijeron que no se trataba de un derrame cerebral, sino de una infección en el oído. Me enviaron a casa sin medicamento y sin poder caminar.
Pasé el domingo y la mañana del lunes en casa, pero no estaba mejorando. Mi esposa, con la fortaleza y el discernimiento que solo Dios puede dar, decidió buscar una segunda opinión médica. Fue entonces cuando volvimos a escuchar la palabra derrame cerebral. Nos dijeron que regresáramos al lugar donde inicialmente me habían evaluado. Allí me hicieron más estudios y finalmente encontraron señales de que, en efecto, había sufrido un derrame cerebral. Después, tras otro examen, descubrieron que no había sido uno, sino dos.
A partir de ese momento, me dieron el tratamiento adecuado y permanecí en el hospital durante cinco días. Aun así, no califiqué para recibir terapia física, lo cual, humanamente hablando, se sintió como un gran obstáculo. Pero fue precisamente en ese momento cuando vimos la mano de Dios de una manera tan real y tan personal.
Mi esposa y yo confiamos en el Señor, y Él abrió cada puerta que necesitábamos. Dios usó a familiares, amigos e incluso a personas que no conocíamos para proveer la terapia que necesitaba, para que pudiera comenzar a recuperar el equilibrio que había perdido por completo.
Durante este proceso aprendí a soltar mis propios planes, mis deseos y esa necesidad de querer controlar la vida. Aprendí qué tan rápido puede cambiar todo. La vida puede ponerse de cabeza de un día para otro, dejándote sin saber qué hacer ni hacia dónde ir. Pero fue allí, en ese lugar de debilidad, incertidumbre y rendición, donde pude ver a mi Padre con más claridad que nunca.
Él siempre había estado ahí, cuidando de mí, velando por mí, y en esta temporada tan difícil me lo demostró de una manera que jamás podré negar. Lo encontré de una forma más profunda, y pude conocerlo más íntimamente a través de Su Palabra, que para mí está llena de vida y de vida en abundancia. En medio del temor, de las preguntas y del proceso de recuperación, Su Palabra se convirtió en fortaleza para mi alma, paz para mi mente y esperanza para mi corazón.
Yo creo que Dios es el Creador de todas las cosas, el Principio y el Fin, el Dios Todopoderoso y omnipotente. Pero a través de este proceso también he llegado a conocerlo como un Padre amoroso, atento, compasivo y personal. Es un Padre maravilloso que conoce los deseos de nuestro corazón, que ve cada lágrima y que permanece cerca aun en nuestros momentos más oscuros. En estos últimos años así lo he sentido, y así lo sigo conociendo cada día.
Hoy puedo ver claramente que Dios me protegió durante ese día y medio en que estuve en casa sin el medicamento adecuado y sin la atención médica que debí haber recibido, aun cuando ya había sufrido esos dos derrames cerebrales. Él cuidó de mí. Él me sostuvo. Y también le doy gracias a Dios por la maravillosa esposa que me ha dado, porque su decisión de seguir buscando respuestas fue clave para que yo pudiera recibir la atención que necesitaba.
Desde entonces, Dios ha usado a muchas personas, dentro y fuera de la iglesia, para mostrarnos Su cuidado, Su provisión y Su amor. A través de las oraciones de mi amada familia de Calvary, las oraciones de mis padres, de mi hermana y de tantas otras personas que intercedieron por mí, experimenté la fidelidad de Dios de una manera profundamente personal.
Ahora, casi tres años después de lo ocurrido, sigo en recuperación, pero puedo decir que llevo una vida casi completamente normal. Y aún más que eso, llevo conmigo un testimonio vivo de la sanidad, la protección, el amor y la fidelidad de mi Dios. Él me dio una nueva oportunidad de seguir aquí y de compartir lo que ha hecho en mi vida.
Dios fue mi fuerza en medio de la incertidumbre, mi sanador a lo largo del proceso y mi fiel protector en cada paso del camino.
Y hoy estoy aquí para testificar que Su gracia me alcanzó, Su mano me sostuvo y Su propósito para mi vida sigue en pie.
En la Iglesia Calvary, nuestra misión es ver vidas transformadas por el poder de Dios. Si Dios ha transformado tu vida, comparte tu historia aquí.
